El inventor de la décima espinela


Vicente Martínez Espinel gozaba de gran prestigio como músico y como poeta. Su obra Vida del Escudero Marcos de Obregón se publicó en 1618. A los sesenta años influenciado por Alemán y Cervantes, se lanzó a la novela (casi autobiográfica). Espinel nació en Ronda a fines de 1550. Era hijo de Francisco Gómez y Juana Martínez, sin embargo cuando ingresó a la Universidad de Salamanca, lo hizo como Vicente Martínez Espinola, por lo que se deduce que, Espinel, era el segundo apellido de su padre. En la Universidad, aprendió Latín y música, costeándose los estudios con clases particulares. En 1572 volvió a Ronda y se hizo cargo de una Capellanía. En 1574 se alistó en la Armada y su grupo fue signado por una epidemia en el puerto de Santander. Luego, en Sevilla, Espinel publica Sátira contra las damas de Sevilla que pone al descubierto la familiaridad del autor con el mundo de la delincuencia y la "licencia". Después de esta etapa, se habría producido su cautiverio en Argel. Hay noticias ciertas de que se hallaba en Milán en 1581 cuando murió Ana de Austria, donde recitó en Latín una conmovedora despedida. Para un artista como Espinel, Italia era fascinante. El clima húmedo afectó mucho su salud, y volvió a España. En 1584 conquista mayoritariamente a Madrid, por su forma particular de tañer y cantar. A los 35 años padece su primer ataque de gota, en 1587 vuelve a Ronda donde se lo nombra capellán del hospital de la villa, cargo que ocupó sin el más mínimo interés. Fue acusado de inmoralidad y se llevó a cabo una investigación contra él. Espinel se vio sujeto a censuras y reprimendas, algunas ciertas, otras alimentadas por la envidia. Espinel se sentía menospreciado en su tierra, acostumbrado al halago y al reconocimiento que afuera le brindaban. Su poesía guarda el testimonio del hastío y de las rencillas que amargaron esa fase de su vida. Todos los disgustos lo alejaron de Ronda, y en Madrid se hizo cargo de una Capilla donde enseñaba música e instruía a los cantores. Se hace famoso en los circulos literarios de Madrid y todo el mundo - menos los Rondeños - reconocen en él a un renovador de la técnica poética y musical. Lope de Vega no se cansa de alabarle, los gongoristas lo aman y Quevedo hace decir a uno de sus personajes: " He comido dos veces con Espinel". En 1609 el poeta ingresa en la congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, verdadera cofradía de hombres de letras a que pertenecían los escritores más insignes. Por entonces su salud quebrantada, lo conduce al aislamiento. Espinel era alegre, sociable, pero sus manos deformadas no le permiten pulsar la vihuela. Hacia 1610 el viejo músico y poeta trabaja con amor en su obra de ficción, en 1617 se publica el libro y en 1622, tiene la satisfacción de que Lope de Vega le dedique su comedia El Caballero de Illescas: "Al maestro Espinel, insigne monstruo de la música y Apolo de la poesía latina y española". Espinel muere el 24 de febrero de 1624. Aquel joven de carácter colérico, no perdió nunca su entusiasmo hacia lo bello. Lope lo reconoce inventor de la décima y sus "redondillas" figuran en su obra Diversas Rimas.


LA DÉCIMA ESPINELA


Es una estrofa compuesta por diez versos octosílabos y de rima consonante, que tienen la siguiente estructura básica: abba.accddc, como la del siguiente ejemplo:

A   Por la orilla floreciente
B   que baña al río de Yara
B   donde dulce fresca y clara
A   se desliza la corriente,
A   donde brilla el sol ardiente
C   de nuestra abrazada zona
C   y un cielo hermoso corona
D   la selva el monte y el prado
D   iba un guajiro montado
C   sobre una yegua trotona.

Al parecer, siguiendo el modelo de las ocho estrofas que publicara Espinel en el 1591, la única pausa que se repite en aquellas es la del cuarto verso. Vale destacar que muchas de las décimas que se improvisan hoy, sobre todo en Cuba, tienen además otra pausa en el sexto verso, lo que ha llevado a decir erradamente a los estudiosos que la espinela es una estrofa compuesta por dos redondillas enlazadas un puente o bisagra; este puente no sería más que un dístico. De las décimas que escribiera espinel mostramos la dos que se corresponden más al patrón de lo que hoy llaman décima espinela.

Ya esta suerte, que empeora,
se vio tan en las estrellas
que formó de mí querellas
de quien yo las formo ahora.
Y es tal la falta, señora,
de este bien, que de pensallo,
confuso y triste me hallo,
que si por vos me preguntan
los que mi daño barruntan,
de pura vergüenza callo.

Suele decirme la gente,
que en parte sabe mi mal,
que la causa principal
se me ve escrita en la frente.
Y aunque hago del valiente,
luego mi lengua desliza
por lo que dora y matiza,
que lo que el pecho no gasta
ningún disimulo basta
a cubrillo con ceniza.


Además de los requisitos elementales de la espinela, los repentistas cubanos, por ejemplo, se cuidan de no incluir en la décima otro tipo de rima que no sea consonante perfecta, las asonancias de cualquier tipo son penalizadas.

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