PANORAMA DE LA DECIMA CUBANA (I)
DAVID MITRANI ARENAL




A tráves de esta serie de artículos expongo cuáles son los más importantes decimistas cubanos, ya sea en la literatura escrita como en la oralidad, para ello he dividido estos artículos en tres partes:

I. Orígenes
II. Décima escrita cubana.
III. El repentismo


La I parte, es un esbozo breve de algo que ya de modo más extenso se ha repetido en numerosas bibliografías. En la segunda parte me interno en la décima escrita que tanto ha influido en la poesía oral, en los poetas cubanos que la han cultivado. Por último hablo del arte que ha mantenido viva a la estrofa: el repentismo, a partir de sus más destacados representantes. Hemos pretendido hacer notar los aspectos más interesantes relacionados con la décima.

I– ORÍGENES

La estrofa de diez versos octosilábicos se registra en España en las primeras décadas del siglo XV. Se denominaba copla real, y la rima consonante (o perfecta) estaba distribuida al arbitrio del poeta. Esta estrofa tiene antecedentes gallego-portugueses y se cultivó también en Francia, donde se registran no menos de 40 modelos. Entre los siglos XV y XVI la variedad de coplas reales era notable. Poetas cultos como Fray Íñigo Mendoza, Juan de Mena, Jorge Manrique, Marquéz de Santillana, y otros cultivaron la copla real en diversas variantes. Aquí, a modo de ejemplo, mostramos una de Juan Manrique, unión de dos quintillas con distribución de rimas abaab.cdddc:

Yo callé males sufriendo
y sufrí males callando;
padecí no mereciendo
y merecí padeciendo
los bienes que no demando;
si el esfuerzo que he tenido
para callar y sufrir
tuviera para decir,
no sintiera mi vivir
los dolores que ha sentido.

La décima espinela es, obviamente, una variante de la copla real, la mejor diríamos nosotros, tal vez por esta cualidad se apropió del nombre genérico: décima. Su invención, como la conocemos hoy: estructura octosilábica, pausa en el cuarto verso, y distribución de rimas abba.ac.cddc, se le atribuye al poeta y músico español Vicente Martínez Espinel (1550-1624), quien en el 1591 publicó su libro Diversas rimas, allí incluía 8 décimas de las 10 que escribió en vida, a las que él llamó redondillas de diez versos.
Sin embargo, Espinel fue más justamente quien reveló la décima a los poetas del Siglo de Oro. Ya antes de que él lograra la mágica fórmula llamada espinela, se localiza en el Cancionero General de García Rasende (Lisboa, 1516) la siguiente décima:

Senhor as vossas donzelas
en las gordalas no posso
que por ver estomen vosso
nam ma prueyta coelas
fechar portas nem janelas
e pos nam da por porteyro
antes que venha janeyro
ma mandat rremedear
ou fazeyhle ben mostrar
pero de devousa rribeyro.

Otro poeta, Mal de Lara, elaboró antes de morir en 1571 su obra en décimas Mística pasionaria, de aquellas mostramos una:

Anima, ya el sumo bien
envuelto en santo sudario,
escoltar es necesario
hasta que tierra le den.
Sigue a su madre también
y toma parte en su duelo,
que tras el amargo anhelo
que la vida humana encierra
con la clave de la tierra
se abren las puertas del cielo.

Es decir, ya antes de 1591, otros poetas habían llegado al modelo ideal de la décima octosilábica pero fue a Espinel a quien los poetas del Siglo de Oro promocionaron. Quizás en ello influyó el prestigio. Espinel nació en Ronda, Málaga, y en su época fue famoso y –aun antes de publicar Diversas rimas– elogiado por hombres de letras, entre los que se incluía Miguel de Cervantes, que en la parte VI de La Galatea, canto a los “ingenios”, lo equipara a Alonso de Ercilla, Lope de Vega, Luis de Góngora, Leonardo de Argensola, Fray Luis, Gil Polo, etc.

Del famoso Espinel cosas diría
que exceden al humano entendimiento,
de aquellas ciencias que en su pecho cría
el divino de Febo sacro aliento.
Mas, pues no puede de la lengua mía
decir lo menos de lo más que siento,
no diga más, sino que al cielo aspira,
ora tome la pluma, ora la lira.

La décima, después de darse a conocer y declararse buena para la queja, fue utilizada con frecuencia por poetas y dramaturgos del Siglo de Oro (XVII). Lope de Vega, Fénix de los Ingenios, discípulo confeso de Espinel , fue el primero, y no el único, en acreditar el invento al rondeño. En su obra el Laurel de Apolo, Lope escribe:

...y las dulces sonoras espinelas,
no por el número de versos
que impropiamente puso
el vulgo vil y califica el uso
o los que fueron a su alma adversos,
pues de espinel es justo que se llame
y que su nombre eternamente aclamen.

y en La Circe:

No parecía novedad llamar espinelas a las décimas, que este es su verdadero nombre, derivado del maestro Espinel, su primer inventor, como los versos sáficos de Safo.
y aun en su comedia Dorotea (Acto I. Esc. VII) cuando Gerarda dice a Teodora:

A peso de oro habríais de comprar el hombrón hecho y de pelo
en pecho, que la desapasionase de estos sonetos y de estas
nuevas espinelas que se usan. Perdóneselo Dios a Vicente Espinel,
que nos trajo esta novedad y las cinco cuerdas de la guitarra.

Sin embargo, a Lope justamente hay que atribuir el descubrimiento de la décima entre las tantas experimentaciones de Don Vicente, haberla difundido y haberla introducido en el Parnaso Español, convirtiéndola, junto con el romance, en la estrofa preferida del drama y la comedia del Barroco. A partir de entonces, de aquel magistral uso, se le llamó espinela. El momento más alto de esta sonora décima ––probablemente también del teatro español–– lo alcanza el monólogo de Segismundo en La vida es sueño. Unas de aquellas espinelas es la siguiente:

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba
que sólo se alimentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba un sabio recogiendo
las hojas que él arrojó.

Después del Barroco (Lope, Góngora, Quevedo, Calderón, Tirso de Molina), la décima en España siguió usándose pero no puede decirse que siguiera siendo predominante. Los neoclásicos (s. XVIII), apenas la usaron, sólo poetas menores con un irreverente carácter festivo y circuntancial. Era el imperio de los afrancesados e italianizantes. Ya la Real Academia Española (1714), tan pedante como necesaria legisladora, se había fundado, y con ello, nació el rechazo a todo lo que oliera a popular, a contaminada cultura; la décima, desplazada de manos cultas a populares, sufrió el rigor del desprecio. Según Cintio Vitier el único gran poeta español del siglo XVIII es un pintor, Goya. El Neoclasicismo encauzado por las doctrinas de Ignacio Luzán en su Poética o reglas de la poesía en general, publicada en 1737, se propone como ideales la claridad, la precisión, y la ponderación, algo similar a lo que antes el francés Nicolás Boileau–Despréaux había propuesto en su L’Art Poétique. Los poetas alternan entre la poseía bucólica, anacreóntica, rococó, y la poesía filosófica, moral, didáctica, procedente de las ideas de la Ilustración, la enciclopedia, y el humanismo russoniano. De modo que la décima del siglo XVIII carece de seriedad temática, la jocosidad va a ser la manera imperante de expresión dieciochesca. Algo de paso, de tránsito, fue la espinela para Diego Torres Villarroel (1693-1770); simple unión de quintillas para Nicolás Fernández de Moratín (1727-1780); reunión con coplas y letrillas en José Cadalso (1741-1782); nada para Gaspar Melchor de Jovellanos (1741-1782) y para Nicasio Álvarez de Cienfuegos.

En el Romanticismo (s. XIX) que según datos enciclopédicos culmina en 1844 con el estreno de Don Juan Tenorio de Zorrilla ––y que, según nosotros se adentra aún más en el siglo XIX––, la décima vuelve al teatro y al género de las leyendas versificadas, cultivándolas autores como el Duque de Rivas, Zorrilla, Nuñez de Arce, decae con el Modernismo aunque la Generación del 27’, quizás por su amor al Neopopularismo y su vuelta de ojos al Siglo de Oro, la retoma. Federico García Lorca, Jorge Guillén, Villaurrutia, Gerardo Diego, Luis Cernuda, se apoyan en ella para su discurso.

Sin embargo, como bien acotara Ivette Jiménez de Báez, el destino de la décima se resuelve en tierra americana. Mientras en España, acosada por la indiferencia como un mueble viejo, declina progresivamente tanto en la escritura como en la oralidad, en América sustituye al romance y es acogida desde el primer momento (s. XVII) por los poetas Juan Ruíz de Alarcón, Sor Juana Inés de la Cruz, Juan del Valle Caviedes. A Sor Juana se le reconoce incluso haber ganado algunos certámenes de improvisación en México. En modernistas como Martí, Rueda, Herrera Reissig, Santos Chocano, Lugones aparecen décimas. Pero, por mucho que hayan hecho los escritores, los grandes incluso; la tradición oral es quien acoge a la espinela, la revive, y la conserva tal cual es hasta hoy, trazándole un porvenir más que luminoso, longevo.

mitrani

David Mitrani (La Habana, 1966), narrador, poeta e investigador, ha publicado diversos artículos sobre el tema de la poesía oral improvisada, ha trabajado en Centro Iberoamericano de la Décima... (CIDVI) y ha contribuido a la formación de los Talleres de Niños Improvisadores en Cuba. Ha publicado, en colaboración con Giuliana Della Valle, Cuba Improvvisa (Gorée, Siena), la novela Ganeden, los libros de cuentos: Los malditos se reúnen, Modelar el barro, Santos Lugares, y los poemarios Hereje Inadvertido, Robinson Crusoe vuelve a salvarse (co-escrito con Alexis Díaz). Cuentos suyos han sido traducidos al italiano, inglés, francés, alemán.

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