PARA UNA METODOLOGÍA DE LA ENSEÑANZA DE LA IMPROVISACIÓN POÉTICA
ALEXIS DÍAZ PIMIENTA

Revalidamos esta tesis. Innatismo es traducible en «no aprendizaje, imposibilidad de enseñanza», y esto se aleja de nuestro criterio, basado en la experiencia del trabajo con niños y en nuestro propio aprendizaje de este arte con apenas seis años. Mi padre repentista debió trasmitirme, más que determinados «genes» para la improvisación, un gusto, un respeto hacia ella, y unas técnicas, métodos, mecanismos, que luego la práctica sistemática perfilaron y definieron .
[...] Un niño con evidentes aptitudes musicales no se abandona a ellas, sino que estudia durante años en un conservatorio y luego practica toda la vida las técnicas de la música. Un niño que quiere ser pintor no confía sólo en su intuitiva relación con los colores: ingresa en la academias de artes plásticas y perfila trazos, define conceptos, aprende a usar mejor luces y sombras. Y al bailarín no le bastan la elasticidad de sus extremidades, la natural cadencia de su cuerpo; necesita muchos años de ensayos, exámenes, actuaciones. Igual será en el repentismo. Y aunque en el conservatorio matriculen cien niños aptos para músicos, y en la academia cien pequeños «pintores» y en la escuela de danza cien promesas del baile, sólo tendremos, al final, un Beethoven, un Picasso o una Alicia Alonso, pero eso sí, tendríamos un numeroso grupo de conocedores, amantes, practicantes de la música, la pintura y la danza, muchos de ellos de notable calidad incluso. Así mismo podríamos obtener, en nuestro caso, un sólo Pereira, pero ¡al menos tendríamos uno! De lo contrario, corremos el peligro de no obtener ninguno, sin saber incluso cuántos estamos malogrando. Además, enseñar el repentismo, sus técnicas, sus leyes, sus recursos, sus mecanismos y modos de creación, no sólo dará como resultado el surgimiento de nuevos repentistas, sino que irá creando desde la base un público potencial, conocedor y admirador de este arte.
[...] Es necesario, en cada país, prodigar la participación de adolescentes y niños en este ejercicio lúdico-creativo que es la poesía improvisada. Es necesario abrirle caminos a esta importante veta de la cultura tradicional entre los jóvenes, tan imbuidos como están ahora de influencias extranjerizantes, tan colonizados por los medios audio-visuales y por la profusión de una cultura frívola, «moderna», ajena y enajenante.
Pero, para crear escuelas especializadas –de repentismo, de trovo, de trova, de payada, de paya, de glosat, de regueifa, de valona, de galerón, de socabón, etc.-, hay que formar primero, de entre los mismos poetas improvisadores, un grupo de especialistas que trasmita sus conocimientos y experiencias a las futuras generaciones, que imparta talleres de creación improvisada allí donde haga falta, talleres con metodologías adaptables al lugar, a las características específicas de cada manifestación poética y de cada grupo de niños, y enseñarles, primero, a reconocer las complejidades técnico-artísticas de la poesía improvisada -lo que hará que se eleve entre ellos, en la misma medida que descubran sus grados de dificultad, el respeto y reconocimiento hacia el repentismo y los repentistas-; y segundo, a practicarlo, a ejercerlo como una aptitud más, como una forma de placer estético, de realización espiritual.
En una palabra: desmitificar el repentismo, y unificarlo como arte, reivindicando su universalidad y haciendo que los futuros improvisadores aprendan y practiquen el multiestrofismo y las diferentes formas de canto, de modo que todos cantemos, algún día, décimas, quintillas, sextillas, octavillas, coplas, romances, al son de la jarana, el laúd, la mandolina, la bandurria, el violín o el tres criollo. No habría espectáculo tan sublime ni tan pintoresco [...] Y con seguridad, en pocos años tendríamos muchos Valiente, Pereira, Justo Vega, Chanito y, lo más importante, miles de anónimos oyentes entre jóvenes y niños, gustadores y sabedores de la más tradicional de las formas poéticas del pueblo cubano.



Fragmentos de la ponencia leída en 1997 en el Festival Iberoamericano de la Décima, en Las Tunas.

alexis

ALEXIS DÍAZ PIMIENTA (La Habana, 1966). Escritor, repentista, investigador. Poemas y cuentos suyos han sido publicados en antologías y revistas literarias de distintos países y traducidos al inglés, francés, italiano, japonés, árabe y alemán. Ha publicado hasta la fecha diecinueve libros en distintos géneros. Su libro, Teoría de la improvisación. Primeras páginas para el estudio del repentismo está considerado por los especialistas un "clásico" de las investigaciones de la poesía oral improvisada en el mundo. Entre sus muchas publicaciones se encuentran los títulos:
Huitzel y Quetzal, Robinson Crusoe vuelve a salvarse (co-escrito con David Mitrani), Los visitantes del sábado, Cuarto de Mala Música, En Almería casi nunca llueve, Pasajero de tránsito, La sexta cara del dado, Prisionero del agua, Los actuales habitantes de Cipango, Cuentos clásicos en verso, Yo también pude ser Jacques Daguerre, Maldita Danza, Confesiones de una mano zurda, El extraño caso del niño al que acusaron de morder la luna, Salvador Golomón, ¡Chamaquili, Chamaquili!, En un lugar de la Mancha, ¡Buenos días, Chamaquili!

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