Él es un hombre sencillo de donde crece la palma


Entrevista realizada por Giuliana Della Valle y Patricia Tápanes al poeta improvisador Ernesto Ramírez en Cabeza, Provincia de Matanzas, Cuba, el 4 de dicembre del 2004. Participa también el repentista Emelio Alfonso y Onilda, esposa de Ernesto.


G.D.V.: Ernestico Ramírez, ¿cuántos años tiene?

E.R.: 53 años.

G.D.V.: ¿Y dónde nació?

E.R.: Yo nací en el campo a más o menos 2 Km de este poblado, que se llama Finca Candelaria, en una tierra de lomas y de mucha manigua.

G.D.V.: ¿Sus padres a qué se dedicaban?

E.R.: Mi papá era campesino y mi mamá ama de casa. Mi mamá murió cuando yo tenía 13 años y entonces nos quedamos mi papá y yo solos. No tengo hermanos.

G.D.V.: ¿Y usted es profesional?

E.R.: Yo estuve mucho tiempo cantando pero a la vez trabajando en el magisterio. Yo trabajé 24 años en Educación pero siempre cantaba. Después de eso, hace unos 10 años más o menos es que no estoy dando clases... Me dedico al campo y a cantar. Las dos cosas.

G.D.V.: ¿Y cómo es que se profesionalizó sólo al final?

E.R.: Sí, hace un año más o menos que estoy en la empresa de Matanzas, la Empresa Artística de Matanzas.

G.D.V.: ¿Y cómo es que decidió profesionalizarse y antes no lo había hecho?

E.R.: Entendí que tenía más tiempo estando en el campo que trabajando en Educación. Porque trabajando en Educación no da tiempo a salir mucho, ni a cantar mucho. Educación ocupa mucho tiempo si quieres dar las clases bien. De lo contrario estás en la escuela, pero no eres maestro.

G.D.V.: ¿Usted está casado?

E.R.: ¿Casado? Sí. Mi esposa es ella (Señala a su esposa que está presente en la entrevista).

G.D.V.: ¿Tiene hijos?

E.R.: Sí. Tengo un hijo que fue el que salió cuando ustedes llegaron... El muchachito del pulovito blanco.

G.D.V.: ¿Y usted ha estudiado alguna carrera universitaria?

E.R.: Dice... Magisterio.

G.D.V.: ¿Usted es profesor del taller de aquí de Cabezas?

E.R.: Sí, de aquí de Cabezas.

G.D.V.: ¿Y por qué aceptó ser profesor del taller?

E.R.: Primero, en Cabezas hay muchos improvisadores, pero como da la casualidad que yo había trabajado en Educación... quizás es por eso que me seleccionan, ¿no? Es por eso, y acepté porque me gusta dar clases a los niños. Acepté por eso.

G.D.V.: ¿Cuántos niños integran el taller?

E.R.: Tengo una matrícula de 10. Están asistiendo 7 por el momento.

G.D.V.: ¿Y cuántas niñas?

E.R.: Hay 2 niñas.

G.D.V.: ¿Y cómo han hecho para captar los niños para el taller?

E.R.: Eso se hizo fácil porque primero, en Cabezas siempre es un pueblo de mucha tradición desde el punto de vista... Lo mismo un guateque... No fue necesario hacer mucha convocatoria por las escuelas ni nada. Los niños casi que son solos, llegaron al taller.

G.D.V.: ¿Y hay niños con alguna tradición familiar... del taller...?

E.R.: Casi, bueno, como te dije, en este poblado hay tantos, tanta tradición, que si no es por una parte es por la otra, casi todos los niños tienen alguna ahí... Vaya, alguna venita familiar de alguien que cantara, escribiera o hiciera algo de eso.

G.D.V.: ¿Y cuántos niños ya improvisan?

E.R.: De los de... con más seguridad... Ellos todos saben hacer una décima, todos la hacen casi improvisando, porque al que se le pide una décima y la hace en este momento, como si me piden una décima a mí ahora. A mí me es más difícil hacer una décima ahora aquí que improvisando en una fiesta. Y entonces ellos la hacen con cierta lentitud, pero la hacen. Entonces ya con más soltura tengo 2, que son los que me atrevo a decirles ya: cantan.

G.D.V.: ¿Y además de la décima improvisada también tienen en cuenta otras manifestaciones como la décima escrita o las tonadas?

E.R.: Sí, eso se lleva todo a la par, más lo oral, porque nosotros enseñamos la improvisación oral, pero bueno, no le restamos importancia a lo escrito. Si un niño escribe una décima, se la miramos igual y por lo tanto vamos llegando punto por punto. No capamos al que le guste escribir, porque, por ejemplo, damos clases de improvisación, de repentismo, pero, si dentro del repentismo sale un escritor, no lo negamos, lo llevamos igual. Incluso porque el que sabe hacer una décima improvisando, la debe hacer escrita también, aunque hay quien le gusta más escribir que cantar. Aunque pocas personas en Cuba han logrado hacer las dos cosas y que les salgan, pero todo el mundo tiene más facilidad por una parte, se destaca en una parte. Casi siempre el que se destaca improvisando, no es buen escritor y el que se destaca escribiendo no es buen improvisador, salvo algunas excepciones que no son tantas: el Indio Naborí... Díganme ustedes algunos más... Alexis Díaz-Pimienta...

P.T.S.: Tacoronte

E.R.: Gustavo Tacoronte.

E.A.: Francisco Riverón... Yo pienso que también.

E.R.: Pero no es muy general llevar las dos cosas a la par. Casi siempre...

P.T.S.: Sobre todo con calidad... Las dos cosas...

E.R.: Todo el que canta, escribe. Lo que no logra es tener la misma calidad escribiendo que cantando. Siempre hay una diferencia.

G.D.V.: Así que sintetizando, ¿cuáles son los objetivos del taller?

E.R.: El objetivo del taller es el repentismo.

G.D.V.: Crear niños repentistas...

E.R.: Sí. Enseñarles el amor a la décima, que se conozca la décima, que se conozca lo que es la improvisación, que se conozca que todos los... desde cuándo se improvisa, las distintas formas de improvisación que hay, cómo se canta, por qué hay lugares que se canta a cappella; hay lugares que se canta con un solo instrumento, hay lugares que se canta con varios instrumentos; hay lugares que se improvisa en quintillas, que se improvisa en sextillas... Ellos deben dominar todo eso. Aquí en Cuba únicamente se improvisa la décima.

G.D.V.: ¿Y qué opina de su taller? ¿Qué opina? ¿Habría que tener alguna mejoría?
E.R.: Se ve el avance de los niños. No es un avance rápido porque es un arte muy peligroso. Se aprende a largo plazo y se ejerce a muy corto plazo. Una décima se hace en cuestión de segundos. Entonces a veces lo que uno... Uno se pasa, por ejemplo, explicándole a los niños lo que es una redondilla unas cuantas clases, después se llega a lo que es el puente de la décima, y después lo que es la otra redondilla, que da los diez versos y cuando el niño va a improvisar la décima tiene aproximadamente un minuto: hacerte esta primera redondilla, hacerte ese puente y hacerte la segunda redondilla, hacerte los diez versos y que quede lógico, y que tenga un mensaje... Porque no se logra nada con rimar solamente. Una décima puede quedar muy linda, tener muchas... las rimas perfectas y ser igual que un coco... ¿Has visto el coco cubano? Como un coco sin agua. Es nada más que la forma y no tiene contenido.

G.D.V.: ¿Hasta qué punto se puede aprender la décima?

E.R.: Yo creo que... hasta qué punto se puede aprender a conocer la décima...

G.D.V.: No. Hasta qué punto se puede aprender a improvisar la décima.

E.R.: Considero que se puede aprender a improvisar; se puede, lo que unos con una facilidad mayor que otros. No todos alcanzan el mismo nivel, porque en todas las cosas, igual. Todos pueden estudiar la carrera de medicina, 100 personas a la vez y los 100 médicos no tienen la misma calidad, ni logran que los pacientes los quieran igual. Además, en esto hay... Comparándote el médico con el poeta. A veces un médico no es el mejor médico, pero te trata tan bien que te cura de verte... y eso pasa con el poeta. Un poeta que no es muy culto llega más al público que uno que tiene cultura vasta. A veces la voz ayuda mucho. Hasta la forma de situarse en un escenario. Yo ahí sí no llego a saber, no llego a conocer cuál es el misterio. Hay quien yo entiendo que hace una décima tremenda y nunca el público lo acepta.

P.T.S.: Ramoncito Martínez, por ejemplo.

E.R.: Y hay quien hace una décima sencilla, a veces un poco ilógica, y es el que el público admira. Ese secreto quisiera yo conocerlo. Pero es la forma de llegar al pueblo. Mira, en este caso, yo mismo. Vale mucho hasta la presencia. Yo a veces comento: no es igual que cante yo como que cante un muchacho de 20 años. El muchacho de 20 años se para en un escenario y todo el mundo ya le va a clavar los ojos, como se dice en Cuba, a mirar por la presencia, si canta bonito, va a llamar la atención. Entonces si yo me paro con unas cuantas jorobas que tengo, unos cuantos pelos en la cabeza, y poca voz, no voy a causar el mismo impacto. Y, sin embargo, a veces en una canturía, uno llama la atención, que tampoco sé por qué es eso.

E.A.: Yo pienso que la canturía es... ¿Tú piensas en una canturía en general o en una canturía de una casa?

E.R.: Te estoy hablando en este momento del escenario.

E.A.: No, porque yo tengo la opinión de que la canturía de escenario es para un público un poco mayor, un público donde hay de todo: hay quien le gusta la décima, quien reconoce un poco la décima y quien va a pasar un rato. Y es donde viene ese problema que tú dices que quizás una gente más joven con mejor voz haya más fijación. Pero esta canturía familiar, los que van, aman todos la décima, es un poco que van por la décima como tal y puede ser que ese poeta, en un público de una canturía grande, no llame tanto la atención como en una canturía familiar... con sus décimas, con lo que está diciendo.

E.R.: Cuando el público que te escucha es un poco heterogéneo, entonces hay que ser improvisador y un poco de artista.

E.A.: Esa es la cosa.

E.R.: Hay que tratar de llegar, porque no se resuelve si se llega a una parte y no se llega a la otra parte que te escucha. Hay que tratar de complacer. Se da el caso de que en una canturía publica te dicen: “Yo quisiera que le cantaras a Fulano de Tal;’ y te ves obligado y dices: “Voy a ver si puedo.”
Porque puede ser que empieces cantándole a las palomas y si le estás cantando a las palomas y por quedar bien con una persona le mencionas un nombre determinado, ahí mismo dice que esquivaste el tema porque entonces no eres buen improvisador. Hay que tener mucho cuidado en eso.

G.D.V.: Y usted, tanto como improvisador que como profesor, qué importancia le da a la música, al aspecto escénico y al texto en la décima improvisada.

E.R.: Deben estar las 3 cosas unidas, cosa que se logra poco porque el improvisador, teniendo una voz excelente, no puede dedicarse a medir mucho lo que es la voz, lo que es la afinación porque tiene en la cabeza algo primordial que es lo que está diciendo. No es como el que canta con un texto escrito. No canta con la misma preocupación el que canta una canción que el que improvisa una décima, como el que interpreta una décima. El que interpreta una décima puede dedicar todo el tiempo a pensar en cómo voy a cantar y qué está improvisando; tiene que pensar qué voy a decir, no cómo lo voy a decir; qué voy a decir. Vemos que... no sé en otros países. Sí, en otros países sí, hay y aquí también los hay, pero generalmente en Cuba, tradicionalmente, los buenos improvisadores no son, no han sido buenos cantadores, con excepción de Naborí.

G.D.V.: ¿Y en qué tonada canta usted?

E.R.: Yo canto una sola tonada. Hay cientos de tonadas, pero cuando yo fui a empezar a cantar... Yo tengo muy poca voz. Yo canto prácticamente hablando. Yo le doy forma de tonada a lo que hablo. Y pude aprenderme una sola forma de cantar. Yo no puedo cantar, por ejemplo, la seguidilla; no me alcanza la respiración. No puedo cantar ninguna... Yo canto en una sola tonada. Creo que soy el único porque todo el mundo canta en más de una tonada.

G.D.V.: ¿Y qué importancia tiene la memoria a la hora de improvisar? ¿Cuánto hay de material reciclado y cuánto de improvisación al ciento por ciento?

E.R.: La memoria ayuda mucho al improvisador, tanto es así que desde que nosotros tenemos a los niños en los talleres, tratamos de irles perfeccionando la memoria, ejercitándoles la memoria con, por ejemplo, con... que memoricen redondillas, que memoricen palabras [...] que es muy importante aunque te voy a decir que yo no me caracterizo por tener buena memoria. No ahora que estoy más viejo, cuando estaba más joven, tampoco. Yo no soy de esas personas capaces de memorizar 30 décimas y decírtelas una detrás de otra. Me es más fácil improvisarlas que memorizarlas. Pero la memoria es muy importante. El improvisador tiene que [...] mucho de la memoria, en cualquier momento, no sólo por lo que va a decir, ni porque vaya a plagiar sino por recordarse de cierto contenido. Por ejemplo, hablemos aquí de José Martí. Aquí se utiliza mucho el tema: vamos a cantarle a tal tema. Resuelvo muy poco yo con recordarme de José Martí y no saber dónde nació, ni cuáles fueron sus ideas, en qué lugares estuvo, cómo murió, qué dijo, qué escribió, eso me es muy importante, este... más tengo, más puedo decir. Siempre hay que estar halando por la memoria.

G.D.V.: ¿Y qué metodología usan en el taller? ¿La de Alexis?

P.T.S.: Metodología... La metodología que utilizan en el taller... La de Alexis.

E.R.: Nosotros tenemos la metodología de Alexis. Todos los talleres trabajan...

P.T.S.: Ernestico, pero antes de irnos del tema, actualmente en las canturías, es decir, ¿prima la improvisación en estos momentos o está primando de hace un tiempo para acá el improvisador que va preparado ya?

E.R.: Yo considero de hace un tiempo para acá que hay cierta mezcla, pero a pesar de la mezcla esa, yo creo que prima la improvisación. Me parece.

P.T.S.: ¿Cómo se puede...? ¿Cómo en una canturía podemos saber a ciencia cierta si el improvisador, el repentista, está improvisando o es una décima aprendida?

E.R.: Eso, si el que lo hace, lo hace con todo cuidado, puede darse el caso de que no se dé cuenta quien oye, pero generalmente cuando una persona está improvisando y dice una décima que lleva preparada, se sabe porque intuitivamente cambia la velocidad, cambia el ritmo y hasta el contenido es mejor, es mejor porque la décima escrita está tallereada; no es la décima, vaya, uno se da cuenta.

G.D.V.: Y usted, además de improvisar décimas, ¿las escribe?

E.R.: Sí. Yo escribo décimas, pero casualmente, un día. No me dedico nunca a escribir décimas ni a guardar décimas. Yo creo que yo no tengo escritas... Algunas... que por cierto, compromisos que me dicen: “Hazle una décima a Fulano de Tal, haz una décima a tal fecha’ y después se las escribo.

“Haz una décima a tal muchacha...”

Aquí en Cuba, antes se utilizaba mucho que los enamorados trataban de... era como una forma de piropo... en décimas. Incluso había quien se dedicaba a hacerle décimas a una mujer [...] que era la forma de enamorar. Hace mucho tiempo, hace tiempo... Eso es cuando yo estaba chiquito.

G.D.V.: ¿Usted hacía décimas para que otro enamorara a una mujer?

E.R.: Ese caso se me ha dado. Por ejemplo, hubo una vez que se apareció aquí un muchacho y me dijo: “Yo quiero que me hagas una décima porque estoy enamorado de una muchacha, pero yo quiero que esa décima sea una cosa segura.”
Entonces yo le dije: “Si yo supiera hacer décimas que enamoraran así, que fueran cosa tan segura, yo tuviera 3 mujeres, y tengo una sola y chiquita.” (Risas)

G.D.V.: Pero, ¿cuánto hay de realidad y cuánto hay de manipulación en estas décimas?¿Cuánto hay de autenticidad?

P.T.S.: Ernestico, ella se refiere cuando el improvisador empieza a cantarle décimas a una muchacha o a decírselas, el repentista... ¿no? Ella lo que pregunta es cuánto hay de verdadero en el improvisador.

E.R.: ¡Ah! Puede ser verdadero o falso. Todos los poetas tienen que tener una dosis no muy pequeña de hipocresía, porque yo no te... Por ejemplo, en este caso, ¿no? Pudiera yo empezar a cantarte a ti y decirte que eres la más linda, pero entonces después cantarle a ella y decirle que es la más linda y después a la otra la más linda. Entonces, ¿cuál es la más linda? Todas son ‘la más linda’ y todas en la vida no son la más linda. Pero es así. Uno llega a cantarle a un niño... Hay una fiesta, un cumpleaños... Nunca el niño puede ser feo, nunca he oído a nadie decir que el niño es feo. Entonces a veces no se dice lo que se siente, se dice... se queda bien. Pero bueno, esto es una cosa que la veo lógica.

G.D.V.: ¿Y usted ha publicado algo?

E.R.: No. Hay algunos libritos que se han escrito...Libritos municipales, libritos provinciales, hechos por personas de aquí mismo y eso, pero publicaciones no, no tengo ninguna. Pero bueno, siempre, como te he dicho, lo que he hecho es improvisar; escribir, muy poco.

G.D.V.: ¿Cuál es el misterio de la décima cantada? ¿Cuál es la diferencia?

E.R.: Bueno, será que debido al trabajo y eso, como a la décima cantada no hay que dedicarle tiempo... La décima cantada es llegar sin pensar en eso y empezar a improvisar y entonces a la décima escrita que uno va a publicar tiene que dedicarle tiempo. Quizás por eso. Te dije que yo trabajaba en Educación, que no dejaba tiempo y eso, y el trabajo en el campo también; quizás por eso es que nunca me dediqué a la décima escrita.

G.D.V.:¿Cómo tiene, cómo adquirió la cultura que tiene y cuánto es importante esa cultura?

E.R.: Yo improvisaba antes de estar estudiando incluso magisterio, yo improvisaba. Si llego a pensar que la décima me quedaba no más culta, pero sí más tierna, claro está, cuando uno tiene cualquier carrera te va dando más vocabulario y eso sí, vas ampliando y el estudio es muy importante. Pero la cultura se va adquiriendo... Muchos poetas somos autodidactos. El poeta siempre debe leer mucho que es lo que le amplía el vocabulario. Yo nunca he sido tampoco de mucho hábito de lectura, no. Lo que sí aprendo con mucha facilidad lo que escucho y entonces como aquí en Cabezas te dije que había tanta tradición, cuando yo empecé... Un viejo me decía una cosa, el otro me decía otra y yo todas las palabras, las décimas... No me aprendo las décimas pero sí me aprendo cada vez que oigo una décima, la palabra que no me sabía, trato de aprenderla... Por ejemplo, trato de memorizar por el sonido también. Recuerdo que cuando yo no iba a la... todavía no daba clases. Estaba en un... Estaría en cuarto o quinto grado, porque empecé la escuela tarde, también yo empecé la escuela de 8 años; yo sabía palabras que ahora no las utilizo nunca y las tenía por grupitos: pusilánime, ecuánime, exánime... El mismo sonido. Porque si lo que tengo que cantar es esdrújulo, ya tengo ese sonido ya. Por la rima, uno trata de aprenderse nuevas palabras. Angustia... angustia tiene muy pocas palabras que tengan su mismo sonido. Entonces enseguida yo supe lo que era mustia, porque mustia y angustia tienen la misma musiquita, como dice la metodología y entonces buscaba lo que era, lo que significaba mustia, y así uno va encadenando y va aumentando un poco el vocabulario.

G.D.V.: Usted, ¿cómo empezó a improvisar y a qué edad? ¿Sus padres improvisaban?

E.R.: No, yo no tengo en... Yo sí no tengo en mi familia ninguna herencia. Viví en el campo. El entretenimiento del campesino en aquellos tiempos, hace 53 años, vamos a hablar de 50, ya yo venía por el camino, era salir cantando décimas, y entonces a mí me gustaba mucho oír que un guajiro cantaba por un camino. Guajiro y campesino quieren decir... un guajiro, un campesino, cantando. A veces se cantaba una décima de enamoramiento, porque vivía una muchacha cerca y eso y entonces me aprendí muchas décimas escuchando. Eso era a caballo por el camino, escuchando una décima. Eso fue lo que me llamó a mí la atención. ¡Ah!, yo no […] Porque hay quien dice que aprendió cuando oyó a Justo Vega. Hay quien dice que su patrón fue Naborí. No, yo no tuve ningún patrón de esos. A mí me empezó a gustar la décima oyéndola por los caminos. Entonces, una vez, estando creo que en segundo grado, utilicé como un juego con mi maestra, porque me dijo que si hacía una composición –era un trabajo evaluativo–, era una maestra muy buena y me trataba muy bien, y el guajirito siempre es más tímido que el de la ciudad y hasta incluso el de los pueblitos estos... Y le dije como en un juego que si yo se lo hacía en verso me daba los puntos, y me dijo que sí, y entonces me parece que le hice como una redondilla o unos versos que no sé cómo se llaman, no sé qué fue lo que hice, porque yo no sabía lo que era una décima ni lo que era nada. Entonces ella me dio la misma evaluación que le dio a los que hicieron la composición. Eso fue como a los 9 años más o menos...

G.D.V.: Antes dijo que los muchachos iban para enamorar a las mujeres, ¿no? Y le cantaban... ¿Y esa podría ser una motivación o la única motivación por la que alguien se convierta en repentista?

E.R.: No, no, no, qué va. Te hablé de un tiempo lejano. Ahora no es eso. Ya nadie utiliza una décima y mira qué motivación [...] Eso no es.

G.D.V.: Leí una intervista que le hicieron, pasada, y allí decía que quizás había empezado a improvisar porque oía a su mamá cantar.

E.R.: ¡Ah! Mi mamá sí cantaba muchas décimas en su trabajo. Yo me acuerdo. Yo tenía 13 años cuando ella murió. Murió yo siendo un niño y cuando estaba planchando, cantaba bajito, como en secreto. Cantaba bajito, esa era su forma... cocinando... siempre estaba cantando y sabía muchas décimas. Mi mamá no fue a la escuela nunca. Ella aprendió a leer y a escribir sin ir a la escuela y entonces le gustaba mucho eso. Y se sabía cientos de décimas. Yo me acuerdo de muchas décimas. Y posiblemente fue de las cosas que más me motivó.

G.D.V.: ¿Y a qué tema prefiere cantarle?

E.R.: En eso he ido variando. Le cantaba... mi tema preferido era la tristeza. Le cantaba mucho a la muerte, al amor, pero siempre llevándolo a la vertiente triste. Parece que con un poco de nostalgia, la forma de vida que tuve primero, eso me golpeó. Entonces ahora no me gusta ser yo el emprendedor del tema, porque como siempre se improvisa en parejas, me gusta que el otro empiece y a lo que el otro hable, salgo yo hablando. Desde luego, siempre hay temas con más facilidades que otros. Hay temas que uno domina más que otro. El amor es un tema muy lindo porque te da mucho campo. No solo... el amor al niño, el amor al prójimo, el amor... no solamente este que lleva al sexualismo, sino el amor, el otro amor que hay que es más grande todavía. Son temas muy bonitos.

G.D.V.: ¿Y a la mujer le canta?

P.T.S.: ¿A la mujer le canta, Ernestico? ¿Y le canta sistemáticamente a la mujer o es un tema que no se toca mucho?

E.R.: No. Es un tema que se toca mucho; a la mujer se le canta como madre, como novia, como amiga, como esposa del amigo... Se le canta mucho a la mujer.

G.D.V.: Y usted, ¿a cuál de esas mujeres prefiere cantarle?

E.R.: Bueno, eso es según. Eso va variando de acuerdo a la edad. Primero a uno le gusta mucho cantarle a las muchachitas. Después se le canta ya más a la amiga, a la mujer del amigo, a la madre. Generalmente a la madre... A la madre se le canta mucho. Es un tema muy llegador.

G.D.V.: ¿Y qué significa la mujer para usted?

E.R.: Bueno, te puedo decir que la mujer es la belleza personificada, tanto como joven como vieja, porque la cara se arruga, la piel se arruga, pero el sentimiento no. Por eso la mujer siempre es bonita.

G.D.V.: Descríbame la mujer en 3 palabras.

P.T.S.: ¿Qué 3 palabras le vienen a la mente cuando te dicen “mujer”, Ernestico?

E.R.: Las primeras 3 palabras son madre, novia y esposa. Esas caen enseguida. Pero entonces también, cuando vamos al sentido figurado, flor, estrella, perla...

G.D.V.: ¿Recuerda usted alguna décima que le haya cantado a la mujer, tanto como madre, como hija, como esposa, como... cualquiera?

E.R.: Esta décima es para una rubia... Dice:
(1)
Qué orfebre con mano pura
te orificó cada rizo.
Qué cartógrafo te hizo
el mapa de la cintura
qué pintor le dio figura
y eclipses a tus ojeras
y qué manos carpinteras
con instrumentos afines
hicieron los balancines
que te mecen las caderas.

P.T.S.: Ernestico, y volviendo al otro tema, al tema de la madre... ¿los improvisadores manipulan el tema de la madre? Es decir, ¿cómo el improvisador juega con el tema de la madre con respecto al público? Es decir, el tema de la madre, de por sí un tema muy sensible, porque todas las personas que están oyendo, todas tienen madre, y sobre todo el tema de la madre muerta... Hay muchas personas en el público que puede ser que tengan la madre muerta. Entonces, cómo los improvisadores... ¿cuánto hay de sentimiento en el tema?

E.R.: Cuando se le canta a la madre muerta es un tema muy llegador, porque el que la tiene muerta, sufre, y el que la tiene viva empieza a sufrir ya ese momento pensando en lo que se dice porque todo el que le canta a la madre muerta está pensando en cuando estaba viva. Es un tema que hace llorar tanto a los huérfanos como a los que no son huérfanos.

P.T.S.: Sí, Ernestico, pero por ejemplo, yo tengo una anécdota que... Yo estaba en Bauta en una canturía ¿no? Y yo formaba parte del público y estaba cantando Juan Antonio con Luisito, por ejemplo, ¿no?, el tema a la madre muerta. Y los dos tienen la madre muerta. Y en el público había muchísima gente con la madre muerta. Yo vi gente llorando, ¿no?, mientras ellos cantaban. Y yo realmente terminé... Yo fui una de las que aunque tenía a mi madre viva, pero realmente terminé llorando.

E.R.: Sí, mueve mucho el sentimiento.

P.T.S.: Yo terminé totalmente desgarrada y yo asumía que ellos dos habían terminado totalmente desgarrados después de cantar esa controversia. Yo salgo totalmente desgarrada, llorando mar de lágrimas y ellos estaban tomando cerveza, riéndose, como si nada. Yo me pregunto: ¿cómo el improvisador puede tomar distancia y no... Es decir, vincularse y...

E.R.: A la vista, parece que no hiere, pero siempre que se canta ese tema, golpea. Lo que uno tiene tanta adaptación para salir y tomarse una cerveza... Se sale, pero sufrió tanto... Es así que casi todos los poetas, cuando se van poniendo viejos, van esquivando ese tema. Esquivan los temas dolorosos porque se sienten muy mal y eso les pasaba también cuando estaban más jóvenes, lo que la adaptación que haya hecho... [...]
Dice:
(2)
Anoche te vi pasar
con una flor en el pelo
y apreté mi desconsuelo
igual que la tierra al mar.
Un dolor de hombre vulgar
se clavó en mi desventura
y vi poniéndose oscura
la calle sin elegancia
cuando empezó la distancia
a comerse tu figura.

P.T.S.: En los temas de la mujer priman mucho igual la esposa, la novia, la madre, la hija, la heroína... Es decir, papeles positivos de la mujer. La mujer en su forma positiva según las normas de la sociedad. El improvisador... le cuesta trabajo tocar aspectos negativos de la mujer como por ejemplo, la mujer prostituta, la mujer que abandona la casa, la mujer que abandona a los hijos, la mujer infiel... Es decir, cómo el improvisador asume esos temas por lo general... ¿defiende a la mujer cuando canta o ataca a la mujer?

E.R.: No, muchas veces las mujeres se atacan, pero se atacan de una forma abstracta, no directamente... Se habla de la mujer impura, por, ejemplo; que es una mujer que no es ninguna de las que está en el público, es una mujer que tú tienes en la mente que tal vez no sea ninguna mujer real, están pensando en la realidad de una mujer impura, pero no están pensando en tal mujer... No, la mujer mala, la mujer que hizo esto mal, esto malo y esto malo, pero en ese momento no te sientes mal porque tú no estás atacando a nadie. Tú estás atacando a la mujer generalmente, a la que es así.

P.T.S.: ¿Pero no se defiende nunca a la mujer mala?

E.R.: Sí, la mujer mala se puede defender porque todo tiene un porqué. La mujer no es mala porque nace mala. A veces un hombre enseña a una mujer honrada a ser prostituta. Su propio esposo, por el trato que le da, la prostituye, la obliga...

P.T.S.: Hay algunos improvisadores que sí defienden, es decir, a esa mujer que supuestamente para la mayoría de la sociedad es una mujer mala. ¿Los improvisadores tienen la valentía de defender a ese tipo de mujer?

E.R.: Que es lo más bonito, que es lo más bonito que se puede hacer, porque todo tiene su defensa. Por ejemplo, para ningún hijo, la forma de defender la mujer, la prostituta, para ningún hijo su mamá es mala, aunque para los demás sea mala. Entonces esa es una forma de defenderla. Dile al hijo que te la niegue y tú verás que te dice que no.

P.T.S.: Por ejemplo, Ernestico, ahora yo llego a una canturía donde está usted y va a cantar con Emelito, por ejemplo, y yo, bueno, pongo el tema: la mujer prostituta. A usted, ¿quién le gustaría ser? ¿el repentista que la defiende o el repentista que la ataca?

E.R.: Es más fácil defenderla que atacarla. La parte débil, cuando se defiende bien, se hace más fuerte que la parte fuerte. El que le canta a la pobreza, el que le canta a cualquier dificultad de la vida, cuando se defiende se sale mejor. Claro, si la sabes defender. Que cuando defiendes, a lo bueno le canta cualquiera. Con comida buena, el apetito siempre es bueno. Cuando hay que probar el apetito es cuando la comida está mala y eso pasa.

P.T.S.: ¿Y usted no cree, Ernestico, es decir, que los improvisadores que siempre prefieren cantarle a la mujer buena, es decir, a la mujer supuestamente buena, la esposa, la que es fiel, la que pese a todo, es decir, está con los hijos, es decir, sigue una serie de normas establecidas por la sociedad... ¿Usted no cree que los improvisadores que siempre defienden a ese tipo de mujer algo tenga que ver algo el machismo en ese sentido? Primero que todo, ¿usted considera que los improvisadores por lo general, como personas mayormente del campo, son machistas?

E.R.: Mi consideración es que no. Que se defiende desde una parte pero que no es ese que mando yo una forma de hablar de la mujer. Quizás haya algunas raíces, queden algunas raíces antiguas, ¿no? Yo no veo el machismo en la...

P.T.S.: En el repentismo.

E.R.: En el repentismo.

E.A.: Quizás exista su excepción, como en todo, pero no lo veo, porque fíjate que cuando se le canta a una mujer tiene que ser un poco torpe el que se pone de ejemplo él. Siempre es limpiamente a la mujer. No se oye mucho ‘yo le digo a la mujer...”, “yo le hago a la mujer.” Se pueden dar estos casos de que yo hago esto con la mujer, pero entonces queda un poco feo, esto le resta belleza ya a la improvisación, aunque existan poetas machistas. Pero bueno, estoy hablando ahora de los términos generales. El poeta generalmente es de alma noble.
[...] Hay excepciones, que pueden ser homosexuales.

E.R.: Lo que menos abunda. No, no.

P.T.S.: ¿Qué pasa, en sentido general, la homosexualidad es una característica que prima en el arte y en el arte...

E.R.: En el arte en general...

P.T.S.: En el arte de improvisar, en el arte del repentismo, generalmente no, por lo menos a grandes vistas...

E.R.: Hay excepciones. Incluso los que están dudosos...

P.T.S.: Claro, yo veo el fenómeno desde adentro y desde afuera. Yo tengo la facilidad de que a veces estoy adentro y a veces estoy afuera. Pero el sector que prima en los repentistas, que es campesino básicamente [...] sobre todo en poblados, en provincias, en Ciudad de La Habana, es realmente [...] es la décima improvisada, ya viene del campo. Y el hombre del campo por lo general, tiende a tener una concepción de la mujer en la casa. Muchos de los improvisadores, las mujeres no trabajan en la calle, es decir, están en la casa, tienen los niños, crían los hijos, hacen las tareas del hogar y el hombre, el improvisador, concibe la vida de una manera... No es que abunde en todos los improvisadores. Yo conozco improvisadores que el machismo lo tienen aquí, ¿eh? (Si indica la testa).

E.R.: Pero no lo expresan.

P.T.S.: No lo expresan cuando cantan. Lo que pasa... lo que es un desdoble. Bueno, Pessoa tiene unos versos que dicen:

El poeta es un fingidor
finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Ese es el poeta, una definición por excelencia. Y es así. Yo digo que el improvisador, cuando está en un escenario es otra persona. Se desdobla.

E.R.: Se transforma. Tiene que hacerlo así.

P.T.S.: Es otro. Desde mi punto de vista, ¿no?

E.R.: Yo considero que es así.

P.T.S.: Y desde mi punto de vista el machismo prima en el sector, es decir, no es general, pero tiene de alguna manera en cuanto a la concepción de la mujer, en la concepción del papel que le toca, el lugar, lo que debe, lo que no debe hacer... Inclusive en las controversias prima fundamentalmente la mujer positiva. La mujer para los ojos, es decir la mujer para los ojos de ellos, la mujer que está en la casa, que realmente... La otra mujer, yo, en 4 años que llevo trabajando en el sector, la única controversia que he escuchado, he presenciado... Yo le decía a Giuliana, uno de los factores de riesgo del género, es todo lo que se pierde a diario. Ella se preocupa constantemente de lo que se está cantando aquí, lo que se está cantando allá, lo que se pierde, lo que no se graba. Al principio se quería volver loca. Yo le decía: Giuliana, ese es un factor de riesgo del género... No se puede grabar todo.

E.R.: No, no, es imposible.

P.T.S.: Es imposible. Se pierden muchísimas cosas buenas y se pierden muchísimas cosas malas. En esos instantes. Es una cosa del momento. La única controversia que yo he escuchado con el tema de la mujer prostituta es Triunvirato, Héctor Gutiérrez y Luis Quintana. Y Héctor Gutiérrez defendiendo a la mujer prostituta, por supuesto, pero explicando el porqué, porque la mujer es prostituta pero por qué. Prostituta, bueno, porque hay varios caminos de llegar a la prostitución, no necesariamente tiene que ser el más malo, es decir, el de la mujer que quiere vestir mejor, que quiere vivir mejor, es decir, es la mujer que no tiene qué darle de comer a sus hijos y entonces no tiene otro medio y tiene que prostituirse.

E.R.: Claro, es la forma más suave de defender a una mujer.

P.T.S.: Entonces, ¿esa es una mujer mala? Esa es una mujer valiente que sacrifica toda su dignidad para darle de comer a sus hijos y eso realmente no es justificar, pero sí es un valor extraordinario, porque además es capaz de hacer lo que otras no son capaces y se le mueren los hijos... Hay que romper barreras ahí que realmente tienen que ser muy fuertes para poder uno dar esos pasos. Entonces, es eso, todas las demás cosas es eso: la esposa, la madre, sobre todo la madre muerta, la novia, la...

E.R.: Últimamente se le ha cantado mucho a la jinetera. Ahí sí es de forma muy negativa.

P.T.S.: Mira, la jinetera es la prostituta.

E.R.: En esta última modalidad.

P.T.S.: Es la modalidad cubana que por supuesto tiene otro carácter. No tiene el mismo carácter que la prostituta en Europa o en cualquier otro país subdesarrollado, ¿no?. Realmente aquí la mujer tiene otras opciones para darle de comer a sus hijos y hay trabajo. Nadie se muere de hambre en este país, ¿no? Podrán personas vivir mejor o vivir mejor o vivir peor, pero realmente a la jinetera se le da la categoría que es la jinetera que quiere vivir mejor, la prostituta que quiere o ir a las discotecas o llevar la vida que normalmente una persona no puede darse porque no tiene esos valores adquisitivos. La concepción de la jinetera en Cuba, ¿no? porque realmente, es decir, fundamentado, fundamentado, no existe una justificación para que la mujer cubana se prostituya ¿no? Pero bueno, ese es un fenómeno que también es de trasfondo porque habría que ver por qué todas las mujeres que se prostituyen... Yo no creo que todas las que ya han pasado por eso desgraciadamente de un periodo para acá haya sido únicamente para ir a la discoteca del Comodoro o para ponerse unos zapatos de 40 ó 50 dólares porque hay de todo. Entonces es un fenómeno bastante complejo.

E.R.: Hay que profundizar más. Hay más cosas.

P.T.S.: Lo que pasa es lo que decía Ernestico, es decir, es mucho más fácil, defenderla es mucho más complejo, es decir, buscar el porqué y profundizar en el porqué, por qué lo hace y por qué actúa de esa manera es mucho más complicado que entonces decir, bueno, es mala, lo que quiere son los dólares y punto.

G.D.V.: ¿Por qué hay tan pocas mujeres improvisadoras?

E.R.: No abunda mucho en Cuba la mujer improvisadora.

G.D.V.: ¿Por las mismas razones?

E.R.: Pienso que sí, y antes no había las posibilidades que hay ahora. Bueno, se ve que están saliendo más. Aquí antes se conocían muy pocos nombres de mujeres improvisadoras. Ya hay más y hay muchas muchachas que improvisan porque también era un complejo, aparte de la desigualdad que había, porque yo conozco mujeres que pudieron ser tremendas poetisas y no llegaron porque su marido no las dejaba...

E.A.: O su padre, cuando ya fueron señoritas, una etapa ahí que...

E.R.: O sus padres, porque tenían miedo de que se presentara al público, de que perdieran prestigio, porque el punto guajiro en Cuba una vez se peseteó: hubo un tiempo debido a la miseria que había, los que improvisaban, pedían, pasaban un sombrero y pedían dinero; eso fue en contra de... muy en contra del punto. Entonces, qué mujer se iba a poner en eso. Yo pienso que de ahí viene... el problema que no haya ninguna diferencia entre masculino y femenino en cuando a improvisar.
P.T.S.: Entonces, el arte de improvisar no es para hombres.

E.A.: No.

E.R.: No, yo pienso que no.

P.T.S.: Di, di lo que me dijiste.

O.: Yo tengo una hermana que ella hacía alguna décima y cuando el novio supo que hacía décimas le dijo: “Se acabaron las décimas.”
Y no dejó más nunca que ella hiciera una décima.

G.D.V.: ¿Y por qué?

O.: No, porque eso antes a los hombres eso no les gustaba. No.

G.D.V.: Porque ellos pensaban que perdían prestigio.

O.: Yo no sé por qué. Muchacha, y no se le podía decir delante de nadie...
“¿Tú me vas a hacer una décima?, La décima que tú hiciste…”
Delante del novio... ¡Jamás en la vida! ¡Qué va!

P.T.S.: Y Ernestico no cree que también sea que realmente el espacio del improvisador, la vida del improvisador como tal es una vida muy complicada, es decir, errante básicamente, de aquí para allá...

E.R.: Esa vida bohemia del... de noche...

P.T.S.: La bebida...

E.R.: También siempre se le dificultaba más a la mujer llevar esa vida que al hombre.

E.A.: Eso es así. Yo pienso también que es así. No siempre una mujer improvisadora encontraba su pareja que le gustara ese medio y que la acompañara.

E.R.: El improvisador siempre se ha caracterizado: hoy canto aquí, mañana canto en Güines, tal día canto en La Habana. Es un constante correteo. Siempre a los poetas, a los improvisadores se les ha dicho los bohemios. De aquí hacia allá, de allá hacia aquí, de la bebida, el cigarro, todas esas cosas y entonces ese ambiente no es el ambiente propicio de una mujer. Ya no. Ya las cosas están muy distintas.

P.T.S.: Y por qué a pesar de que las cosas están distintas y la realizad del país cambió, es decir, supuestamente hay determinada igualdad entre comillas, la mujer tiene las mismas oportunidades de desarrollo, etc. etc. ¿por qué inclusive en estos momentos, después de 45 años, ahora 46 de la Revolución, no existan, aunque aisladamente hay mujeres, pero realmente no existe una generación de...

E.R.: Todavía no hay una generación, pero yo sí siento que la parte femenina va en crecimiento en cuanto a esto. No es un crecimiento relativamente rápido, pero sí entiendo lo del crecimiento.

E.A.: Sí, sí, en los talleres estos se ve cómo hay niñas.

E.R.: Lo de 4 ó 5 siglos lo borra en 40 años.

E.A.: Yo en mi taller tengo 3 niñas.

G.D.V.: ¿Y cuántos niños?

E.A.: No... 7 niños. En total, 10, más o menos 8, 10. Hay 3 niñas que sí se han mantenido bastante estables.

G.D.V.: Ese es el taller de Güines. ¿Y usted es el único profesor?

E.A.: No, y Jesús, el que usted entrevistó allá. Pero yo pienso que en los últimos ... En estos últimos 4 ó 5 años se ha visto un crecimiento...

E.R.: En el mismo festival. El Festival Infantil. Mira cuántas niñas. Había bastantes niñas.

E.A.: Que se va a ver cuando pasen quizás 5 ó 10 años que ya esas niñas se hagan adolescentes y ya se empiecen a divulgar más, se va a ver el aumento de la masa femenina.

E.R.: En 40 años no se ve todavía el fruto. Bueno, pero es que se pasaron unos cuantos siglos borrando esto. Entonces si tiramos 40 años contra 2 ó 3 siglos, la diferencia... Se ha logrado bastante porque hay unas cuantas niñas improvisando ya.

P.T.S.: Entonces, de aquí a 10, 15 años, a largo alcance, ustedes piensan que, por ejemplo, estábamos hablando de los talleres, estábamos hablando de todo este movimiento infantil...

E.R.: Sí, del futuro de la décima.

P.T.S.: De luchar.



Ernesto Ramírez (Matanzas, 1951) es uno de los repentistas más importantes de Cuba en la actualidad. Impresiona por su modestia y humildad. Además de ser artista profesional, trabaja como profesor del Taller de Repentismo Infantil de Cabezas, Matanzas.

cisailogazul


CENTRO INTERDIPARTIMENTALE DI STUDI SULL'AMERICA INDIGENA 
Via Roma, 47 - 53100 Siena - Tel. 0577/232507 - cisai@unisi.it
       De Repente
       ESPACIO DEDICADO A LA POESIA ORAL
       ©  2009 DE REPENTE - CISAI (UNIV. DE SIENA)