Así hablaba Naborí


Entrevista realizada por la periodista Magda Resik en el Centro Cultural Dulce María Loynaz (Ciudad de La Habana) el 21 de enero del 2005 al poeta Jesús Orta Ruiz 'El Indio Naborí'.


M.R.: Aprovechamos este espacio que nos permite dialogar con grandes de la literatura cubana como Jesús Orta Ruiz, un poeta de nuestra isla que ha engrandecido la poesía cubana y que además, no sólo se ha dedicado, como algunos así lo asocian, a la décima como tal, sino que ha cultivado muy diversas métricas de la poesía que por demás ha ayudado a que la décima en su expresión originaria, cuando llegara a Cuba en el siglo XVIII, pues esa décima octosilábica que tanto nos conmueve y que posee su propio ritmo, su musicalidad asumida por nuestros campesinos en el campo se haya convertido también en una décima contemporánea que tiene esos aires de toda buena poesía, esa que no envejece y que nos acompaña a lo largo de todos los tiempos. Yo quiero darle la bienvenida ¿Cómo está usted esta tarde? ¿Cómo se siente? Tiene aquí un público inmenso esperando por todas sus respuestas por todos sus comentarios, buenas tardes.

I.N.: Bueno, quiero darte las gracias por las palabras iniciales y agradecer también a los presentes que han venido.

M.R.: Bueno, para comenzar este encuentro que... no pretende ser solo un encuentro entre el escritor que está invitado y nosotros sino también con ustedes.
La infancia es un período (...) que tomó para llegar a la poesía ese guajiro ligero que usted dice ser.

I.N.: Magda, yo quisiera preguntarte una cosa. ¿Te gustaría que te dijera en versos cómo fue mi infancia? ¿Me acepta?

M.R.: Claro que le acepto un buen verso que siempre dice más que unas pocas palabras hiladas ahí, improvisadas, así que con gusto lo escuchamos.

I.N.:
Mi niñez descalza y pura
como la misma ignorancia
me viene por la fragancia
de una guayaba madura.
Me viene con la espesura,
la choza y el callejón,
y se abre en mi evocación
la vieja herida de un trillo
donde en caballo de millo
jineteaba la ilusión.

(El poeta no recuerda el último verso y el público se lo sugiere)

M.R.: Bueno y que le parece eso que ya el público se ha adueñado tanto de su poesía que le recuerda un verso.

(Risas)

I.N.: (...) Se lo agradezco mucho a la persona que lo hizo.

M.R.: ¡Cuánto ha viajado su poesía! La segunda pregunta tiene que ver con algo que leí sobre su vida, que usted ha dicho que de la versificación cantada pasó a la poesía escrita. ¿Cómo es eso? ¿Cómo de la versificación cantada pasa a la poesía escrita?

I.N.: Bueno, precisamente cuando me adentré en el estudio de José Martí, en realidad mucho aprendí para el desarrollo de mi poesía. Empecé por aprenderme de memoria los Versos Sencillos de Martí, y encontrar allí muchos anuncios de lo que sería la poesía moderna y la grandeza y eternidad de la poesía.

M.R.: ¿Y primero cantó y después escribió?

I.N.: Natural que sí, primero, mi punto de partida en mi vocación poética no podría ser otro que las décimas. Mis nanas fueron en décimas que cantaba mi madre, décimas de la guerra que cantaba para dormirme sobre sus brazos. Décimas cantaba mi padre pastoreando el ganado, mi hermana lavando la ropa de todos a la sombra de una ceiba grande que había cerca de la casa.

Mi padre era un poeta que no pudo manifestarse porque era un montero analfabeto, sin embargo, hablaba a veces de una manera que a mí desde niño me empezó a interesar. Me parece que fue mi primer maestro de nueva poesía, porque hablaba en metáfora, como todos los campesinos.

Pero los mismos poetas campesinos, trovadores campesinos o juglares, como se les quiera llamar, no captaban eso: les parecía que eran cosas vulgares y, sin embargo, ahí yo creo que estaba el secreto que dicen que yo descubrí para enaltecer la décima.
También en una carta que me escribió Juan Marinello, me decía:

La décima es algo entrañable que hay que ennoblecer, cuesta trabajo grabar bien, pero lo que se graba bien queda.

Eso me entusiasmó a buscar en la poesía, pero bueno, quiero recordarle a ustedes para que también sigan estudiando el fenómeno del habla campesina que debe ser de habla de la poesía campesina, porque sino no es poesía campesina es versificación campesina y el poeta no llega a juglar... no llega por eso, el que pretende a ser poeta se queda en la juglaría. Que tampoco es indigna, cumple su deber como lo cumplió en la edad media, que en realidad es el origen del periodismo, la juglería.

Mi padre, cuando había lluvia, decía Hoy se desgaja el cielo en lluvia; para decir se desgaja el cielo en lluvia tuvo que imaginarse que el cielo era un gran árbol y la lluvia eran las hojas que caían como caen en el otoño. Y entonces ahí empecé a buscar el camino para hacer una poesía que fuera verdaderamente poesía como lo han admitido algunos críticos.

M.R.: Ahora que estamos hablando de poesía, alguna vez leí que usted había dicho que la poesía es la imaginación del sentimiento. ¿Por qué usted cree eso, que la poesía es la imaginación del sentimiento?

I.N.: Me parece que es uno de los criterios de más aciertos, pero en realidad no es una opinión original mía, sino de nada menos que de uno de los mejores poetas cubanos –a quien agradezco mucho en el estímulo y en la enseñanza– el poeta que ganó con Cintio Vitier el premio más alto que otorgan en México ¿Quien es?

(Alguien del público: Eliseo Diego)

I.N.: Eliseo Diego.

M.R.: Ah, así usted parece que se apropió de esa afirmación. ¿Qué es poesía para el Indio Naborí?

I.N.: Poesía para mí, en realidad, eso es lo que con menos palabras se ha dicho mejor. La poesía para mí es eso, si falta el sentimiento, no hay poesía, es un elemento esencial de lo poético, el sentimiento. Martí decía: en verso se puede hablar de todas las cosas, pero solo del sentimiento se hará poesía. Coincide con Eliseo Diego, y yo queriendo que coincida con lo de Eliseo Diego también digo..., déjame ver si recuerdo, una opinión de un gran profesor español que no incluye el sentimiento, dice: Es la sustitución emocionada e individual de los conceptos; esa es una opinión que he hecho mía, él decía nada más sustitución e individualización de los conceptos.

M.R.: Y usted le puso la cuerda de los sentimientos

I.N.: Es sustitución emocionada e individual de los conceptos.

M.R.: Y ahora, hablando de cuerdas, se dice que usted es un poeta de varias cuerdas ¿Está de acuerdo con eso?

I.N.: Estoy de acuerdo con eso, y tú lo pusiste casi en rima yo creo que tú tienes...

(Risas)

M.R.: Estoy muy inspirada con su obra en estos días

I.N.: Bueno, ¿cómo me decías?

M.R.: Si usted mismo se considera un poeta de varias cuerdas o cree que la décima realmente es su fuerte

I.N.: No, te voy a... eso lo dejamos para otra pregunta. Vamos a decirte, sí, yo soy un poeta de tres cuerdas, esas cuerdas son la poesía campesina, la poesía que me sirvió de punto de partida con la décima. Así que... me decías cómo...

M.R.: Esa es la primera…

I.N.: La segunda es la poesía patriótica, revolucionaria, social, en sentido general.

M.R.: Esa es la segunda…

I.N.: Y la tercera es la poesía íntima, la poesía más del corazón.

M.R.: Más del corazón, por ahí hay algunos versos a Eloína y otras cosas más…

I.N.: Me parece... déjame ver si yo recuerdo uno de los poemas que tú dices que te gustan mucho.

M.R.: Uno de los que me gustan mucho, del poemario Con tus ojos míos.

I.N.: Deja ver si recuerdo... dice:
Estoy leyendo con tus ojos míos
los poemas que Borges
escribió con la mano de otra mujer.
A ella y a ti doy gracias
por este sol de la noche en mis tinieblas.

M.R.: ¿Qué elementos usted ha reflexionado que añadió a la décima tradicional? A esa que heredamos, a esa clásica décima cubana

I.N.: La décima, desde el punto de vista expresivo, estaba detenida en eso que podemos llamar la simple comparación. Entonces, por ese consejo que me había dado Marinello diciéndome que la décima cubana es un tesoro entrañable que hay que ennoblecer, traté de enriquecer el léxico, no solo de los poetas que ya estaban graduados como poetas, sino de los poetas populares; les decía que descubrieran en el campo, que buscaran en el campo los símiles como buscaba Salomón alrededor de los campos en que vivía, de las cabras, de los corderos, como aquella cosa que decía Salomón a su amada –deja ver si recuerdo– :

Los cabritos de sus senos saltaban en su pecho.

No buscó lejos la metáfora, no fue a otra forma poética lejana ni nada de eso, que sería una imitación bastante fría, sino que la buscó en sus alrededores

M.R.: En sus alrededores, en la naturaleza misma.

I.N.: Toda la poesía mía busca la metáfora, las imágenes, los símiles en el mismo campo, en el mismo campo cubano.

M.R.: Ahora, si le preguntáramos al propio Indio –ya hay muchos estudiosos de su obra, y eso usted lo sabe– pero, si le preguntáramos a usted mismo en qué escuela literaria, o en qué tendencia o en qué espacio literario le gustaría que lo ubicaran, ¿qué nos diría?

I.N.: En relación con lo que he añadido al uso tradicional de la décima cubana, yo, me parece que me aproximo a los poetas de la Generación del ‘27, presidida por Federico García Lorca.

Porque mis primeros versos tenían toda esa imaginación campesina, no imitaban directamente, sino tomaban las mismas formas campesinas. Por ejemplo, el padre mío cantaba una redondilla que decía así:

Que ganas tengo mulata
que se acabe la molienda
para soltarle la rienda
a esta pasión que me mata.

Para soltarle la rienda a esta pasión que me mata, ¿no se les parece a ustedes a esta a esta redondilla de romance –digo– o cuarteta de romance que termina así?:
Montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

¿Y ustedes no le hallan una gran semejanza a eso que dice ese poeta anónimo, o quizás mi padre, no sé porque él la cantaba, no quería ser actor ni nada de eso… o, a lo mejor, era verdad que estaba enamorado de la mulata.

M.R.: Y se le despertó la pasión.

I.N.: Y se le despertó la pasión.

M.R.: ¿Es usted un poeta de las pasiones o es un poeta disciplinado?

I.N.: En realidad no me han hecho nunca una pregunta tan sabia (Risa) de verdad que sí. Entonces, no, vamos a seguir en la comparación: eso dice García Lorca, pero este poeta dice:

Que ganas tengo mulata
que se acabe la molienda
para soltarle la rienda
a esta pasión que me mata.

Con una sola palabra, rienda, ha dicho la potranca, ha dicho la pasión por esa mujer y todo lo ha dicho, así que ha logrado una síntesis maravillosa.

M.R.: Y algo que tiene gran fuerza y que trata de embridar.

I.N.: Embridar, ahí está, oye, ¡muy bien eso!

(Risas)

M.R.: Bueno pero me evadió la pregunta que le hice. ¿La poesía es para El Indio Naborí una cuestión de pasión, así mismo de esas pasiones que hay que ponerles bridas o la poesía es una disciplina en usted?

I.N.: No, diciéndote la verdad, a mí, en realidad, lo que me conmueve es lo que me hace brotar la poesía. Aún en lo político se me puede encargar un poema. Pero en realidad cuando me brota un poco aceptable, es cuando lo que me están pidiendo coincide con lo que yo siento. Cuando mi complacencia coincide con la petición.

M.R.: ¿Usted no piensa que el asumir un tema social o político se aleja un tanto de la naturaleza de la poesía?

I.N.: ¿Y si en vez de contestarte yo te contestara Martí? ¿No lo creerías mejor?

M.R.: Bueno yo le creo a los dos, tanto a Martí como a usted.

I.N.: Hubo un gran poeta griego que levantó las fuerzas que estaban cayendo en los ejércitos de Esparta: Tirteo. Martí dice:

Cuando la patria está amenazada, el poeta debe ser Tirteo, no Timur –que era un poeta de los placeres, de la quietud, de lo romántico.

¿Qué te parece? ¿No está bien dicho?

M.R.: Una gran respuesta. La poesía todo lo resume y los poetas todo lo saben resumir.

I.N.: Y si estamos en una revolución puramente martiana y bolivariana, entonces no está bien que aceptemos la poesía esa; hay que hacer como Paul Eluard, cuando entraron los fascistas a Francia, el gran poeta Paul Eluard que también procedía de lugares así olvidados y pobres como de donde vengo yo.

M.R.: Ahora, hay algo que también quisiera conversar con usted que son esas intimidades que nos interesa conocer de los escritores. ¿Hay ciertos modos y mañas que usted asume para escribir y que han debido cambiar quizás con el paso de los años, con ciertos signos de la mayor juventud, como la que usted vive ahora? ¿Cuáles son esas mañas, esos modos de escribir del Indio Naborí? ¿Qué hace?, ¿Anota ideas en un papelito? ¿Se esconde en algún sitio para escribir? ¿Qué hace?

I.N.: Yo te voy a decir, la pregunta esa es muy importante. Alguien en pocas palabras lo dijo... El poeta anciano que hay en el Indio Naborí, ha superado al poeta joven, tiene razón, porque yo hice la poesía de joven, o joven, siendo muy pobre, siendo muy olvidado, no pudiendo comprar algunos libros importantes que necesitaba, no pudiendo viajar a otros países como he viajado ahora que me encontré a Lisandro Otero en un día de lluvia enorme allá en Moscú, que venía de Siria, y pude tener un intercambio con los grandes poetas árabes que me recibieron allí.

Tuve estudios que no puede continuar, que interrumpí, que luego tuve la oportunidad de terminar como el periodismo, al cual le he dedicado también más de treinta años desde los cuarenta y cinco de la revolución, como periodista.

Entonces yo creo que ahí está la diferencia porque los pobres, en el pasado, en la seudo república, casi siempre jóvenes, eran viejos, y ahora los viejos son jóvenes.

(Risas)

M.R.: Muy bien, eso explica que no haya mermado su creatividad, y cuando a usted le surge un poema cómo es, el poema completico le viene a la mente y después lo traduce al papel o el poema se reforma a medida que lo va elaborando, el poema se lo dicta a Eloína y Eloína lo atesora así tal cual usted lo dictó ¿Cómo es?

I.N.: El poeta, como el cantante, según me enseñó Vallejo, tiene que buscar el tono. Hay un verso que le da el tono:

Primero de enero,
luminosamente surge la mañana,
las sombras se han ido, fulgura el lucero
de la redimida bandera cubana.

Me llegó el primer verso que decía Primero de enero. Entonces hice versos amétricos pero con una base trisílaba, para dar la marcha triunfal de la Revolución cubana. Naturalmente bastante aprendí de Rubén Darío.

M.R.: Hay algo que a cada cultor de décima, siempre que podemos, le preguntamos, y es eso de que si la décima es una poesía menor o no.

I.N.: Yo creo que ahí hay una equivocación, porque sí existen los versos de arte menor, que son los versos de dos sílabas hasta ocho sílabas, y los versos de arte mayor que son de nueve sílabas hasta dieciséis sílabas, y hay otros poetas –el propio Darío a quien debo también mucho en la versificación– lo llevan hasta veinte sílabas rítmicas, que tienen cierta rima, cierto ritmo…

M.R.: Y estábamos hablando de la décima, si la décima es menor o no.

I.N.: Quiero decir, no se debe confundir verso con poesía. Poesía puede haber en una novela de Lisandro Otero, más poesía que en una décima o en un verso libre, o algo más parecido. Y puede haber también poesía, y poesía grande, poesía genial en una décima lo mismo que en un poema libre o que en otro poema.

M.R.: Eso no le quita el brillo.

I.N.: Ahí está, porque el problema es el contenido y el contenente. La poesía es contenido, contenido anímico es la poesía. Y entonces el verso no, ya el verso es una estructura material extrínseca –me vino a la memoria– (Risas).

M.R.: O sea, ¿la métrica encaja en el contenido, en lo que usted quiere decir, o usted algún día ha dicho: voy a utilizar tal métrica y voy a adaptar ahí el contenido? ¿El contenido se adapta a la métrica o la métrica llega después que ya se pensó el contenido?

I.N.: La métrica es forma, y el contenido es la esencia de lo poético, esa es la...

M.R.: O sea, usted la forma nunca la preconcibe, nunca la forma es antes, siempre es después.

I.N.: No, me llega, me llega.

M.R.: Así que el verso se impone él mismo.

I.N.: Así mismo, cada emoción trae su métrica, así dijo Martí.

M.R.: Bueno, hábleme un poco de su relación con la lectura. Tengo entendido que usted ha sido un buen lector, un lector que ha gustado mucho de la lectura y que aún dedica buen tiempo a la lectura.

I.N.: Bueno, en realidad debo recordar aquí a algunos maestros que tuve cuando era muy pobre y no era fácil. En el lugar dónde vivía, La finca de Los Zapotes, –no obstante ser un lugar próximo al centro de La Habana– no había una biblioteca, no había una librería. No existía ni un estanquillo de periódicos ni de libros. Pero precisamente cuando recordando que mi padre quería ser poeta y no pudo ser poeta nunca y murió con la tristeza de no serlo, no obstante todo, asomaba a flor de piel una vocación que era el amor a la poesía. Él quería que mi hermana mayor –que leía muy bien– le leyera poemas y los oía con encanto, y no solo décimas, le gustaba oír toda poesía. Lo que no le gustaba era que no tuviera consonante porque decía: “eso no pega” (Risa), y todavía los campesinos dicen así.

M.R.: ¿Usted es un gran lector de poesía o gusta de todo tipo de género?

I.N.: No, no, gusto de todo tipo de literatura. Yo encuentro poesía en la prosa, en la prosa buena yo encuentro poesía. Me gusta la lectura en general y los buenos escritores y además los criterios que hay sobre la literatura.

Entonces también en mí, por ejemplo –hay algo que no te dije– que es la unión de lo moderno y lo clásico, que también es un uso de los poetas de la Generación del veintisiete. Mi poeta preferido, como yo era campesino, fue Federico García Lorca y mucho le debo a su enseñanza, alguna originalidad que tenga yo en mis décimas.

Aunque hubo un poeta, un gran poeta cubano, el poeta nacional Nicolás Guillén, a quien también le debo... una vez me dijo: “Chico, la poesía la tienes a flor de piel.”
Y entonces me dijo: “Pero no te consagres a improvisar, dedícate más a leer, a leer.”

El hecho de yo haber ingresado en el Partido, cuando tenía dieciocho años, me acercó a varios intelectuales y a la sociedad de nuestros tiempos, a músicos, a pintores, me acercó a la cultura. Pero en realidad el triunfo de la cultura en Cuba ha sido la universalización de la cultura.

M.R.: La poesía cubana –muchos son los estudiosos que lo dicen– tiene un rostro propio. Para El Indio, ¿cómo es ese rostro? ¿cómo se expresa?

I.N.: El rostro de la poesía cubana a partir de José María Heredia es la nacionalidad cubana. Grandes poetas ha dado.

M.R.: Y a esos poetas ¿qué puede ser que los una? ¿únicamente el sentido nacional o hay algo en la métrica, en la manera en que asumen la poesía?

I.N.: Bueno sí, por ejemplo, Heredia era un poeta romántico, fue neoclásico primero, pero fue más brillante como romántico. Debemos seguir el ejemplo de José María Heredia.

M.R.: Usted escribió unos versos que dicen: Viajera peninsular / cómo te has aplatanado… ¿Se acuerda de eso?

I.N.:
Viajera peninsular,
¡cómo te has aplatanado!,
¿qué sinsonte enamorado
te dio cita en el palmar?
dejaste viña y pomar
soñando caña y café
y tu alma española fue
canción de arado y guataca
cuando al vaivén de una hamaca
te diste al Cucalambé.

Yo desde niño te llevo
del brazo como a una esposa,
guajirita lastimosa
con hambre de mundo nuevo.
Incubaste como un huevo
de sinsonte el alma mía,
desde que en la sitiería,
junto al arroyo sonoro,
como una botija de oro
encontré la poesía.

(Applausi)

M.R.: Y esa viajera peninsular es la décima que tanto usted ha engalanado. Pero, ¿la décima ya cubana?, ¿la décima ya criolla?

I.N.: Sí, cubanizada. Yo creo, en realidad, que la décima es cultivada en toda nuestra América de habla española, y también en Brasil se cultiva. Pero en Cuba ha dado un salto cualitativo, no solo por el mínimo esfuerzo mío, sino por la amplitud que le ha dado a todos los poetas nuestros la Revolución.

M.R.: Bueno ya escuchamos un verso hermoso que usted le dedicó a Eloína, y eso le tradujo, quizás, a los que no conocen a Eloína y a los que sí la conocemos ese amor que usted siente por ella. Pero yo sé que usted tiene algo más cercano, familiar, que es ese entorno que usted ha tenido bien conservado, ese mundo de sus hijos, de los hijos de sus hijos. ¿Cómo nos describiría su familia hoy esta tarde de intimidades, El Indio Naborí?

I.N.: Yo quisiera decir un poema que escribí en Tus ojos míos, o mejor dicho en el otro libro, en el segundo libro que escribí cuando ya empecé a coger un poco más de valor después de este golpe que fue perder la visión

M.R.: ¿Cristal de aumento?

I.N.: Cristal de aumento. Ya entonces empecé a descubrir que no solo tenía el hombre ojos en el rostro sino que tenía ojos en el alma, y además en el tacto y en todas las cosas que el ciego va descubriendo para poder estar en el mundo. Deja ver si recuerdo…

Sin visión, se pueden ver
por el trotar los caballos;
por la canción de los gallos,
la luz del amanecer.
Un laúd por el tañer;
un panal, por el sabor;
por el perfume, la flor;
por la humedad, el rocío;
por los rumores, el río
y por un beso… el amor.

Entonces, este otro que le sigue, también optimista, no obstante...

Cuando te miro sin tener mirada
no veo la que eres, sino aquella
que fuiste. Para mí, la misma estrella
que permanece como eternizada.
Por tu gracia de china dibujada
en porcelana, te seguí la huella
y se ha quedado en mí tu imagen bella
como si el tiempo no mellase nada.
Los de clara visión que les refleja
la realidad, pueden llamarte vieja;
pero a mí, que te vi rosa encendida
y hoy no te veo, me tocó la suerte
de perpetuar tu juventud florida
y andar enamorado hacia la muerte.

M.R.: Una última pregunta de mi parte, para que ahora le pregunten los que están aquí, que han venido al llamado del Indio Naborí.

I.N.: Y de ti, ¿sabes?

M.R.: No, no de usted. Usted ha recibido muchos premios en su vida: el Premio Nacional de Literatura, ha recibido grandes premios, pero hay un anuncio –que ya se hizo público– que es que la Feria Internacional del Libro está dedicada a usted este año y... ¿Qué tipo de premio puede resultarle esto a usted?

I.N.: Bueno, en realidad habiéndoles contado yo cuál fue mi niñez, cuál fue mi juventud, todos los obstáculos que tuve para terminar los distintos estudios que continuaba y no podía terminar, entonces ya está diciendo bien claro cómo me siento…

M.R.: Ahora a usted le dan un premio que es la Feria, pero ¿cómo le resulta este premio? porque hay distintos premios en la vida de uno.

I.N.: Yo lo tengo... vaya, no puedo hablar de ese premio sin acercarme a lo que tiene un hombre de superposición –que creo que los novelistas hoy usan mucho la superposición–, estar aquí y estar en otro lugar. Estoy viendo aquel bohío, estoy viendo aquella periferia rústica donde no había nada que se pareciera a la cultura, y estoy oyendo decir que se me ha dedicado nada menos que una de las ferias internacionales más grandes del mundo, y pensando en mi padre analfabeto, ahora tengo que estar no solo alegre sino asombrado.

M.R.: Yo quisiera dar paso al público que está aquí y que el público también haga las preguntas que desee, que tenga un intercambio con el poeta.

I.N.: No tengan pena, digan cualquier preocupación que tengan, que si puedo resolverle algún problema o algo ... (Risa) no de dinero...

G.D.V.: ¿Que diferencia hay entre décima escrita y décima improvisada? Y ¿Es poesía la décima improvisada?

I.N.: Muy buena pregunta: la décima improvisada puede ser poesía, lo único es que se expone más el que improvisa que el que la escribe con el tiempo necesario.
Yo decidí escribir la décima porque noté que tenía más perpetuidad y más seguridad para la perfección, y también todo poeta sueña con la permanencia. Sin embargo no le quito mérito a la improvisación. […]

Un poeta improvisador puede acercarse más a la poesía improvisando pero hay quien tiene la gracia de improvisar con un lenguaje directo, decir las cosas y entonces eso me parece que algunas veces se acerca más a lo teatral que a lo poético.

Pero también se ha dado el caso de grandes improvisadores que han sido improvisadores y por eso... hay poetas improvisadores y hay improvisadores poetas, y hay quien es solamente improvisador, y eso es hacer versos. Porque, como dije, hay una diferencia entre verso y poesía. Por ejemplo, se pueden contar cientos de improvisadores –especialmente en Cuba, donde se ha estimulado esa forma de manifestarse en la poesía o en el canto oral o en la versificación oral. […]

Muy buena pregunta. Y ya te digo, siempre se da en los improvisadores el hallazgo de algo que uno no espera de ellos. Me parece que he oído a todos los que se llaman poetas populares en América, y en realidad no hay improvisadores como los cubanos.
M.R.: Bueno aquí hay uno de esos buenos regalos del Indio que se llama La gran afinidad, que dice:

Pino rima con camino,
pañuelo rima con cielo
y cielo con caramelo
y camino con destino.
Divino rima con vino,
propensa rima con trenza;
pero si de sinvergüenza
buscas la rima vibrante
no hallarás un consonante
mejor que otro sinvergüenza.

(Risas)

I.N.: Eso está dedicado a los EE.UU.

(Risas)

M.R.: Si no hay más ninguna pregunta vamos a agradecerle al Indio Naborí que nos haya regalado su tiempo. Muy agradecidos, muchas felicidades por tantos éxitos y ya va a recibir el gran abrazo a lo largo de toda la Isla cuando se inaugure la XIV Feria Internacional del Libro.


Jesús Orta Ruiz ‘El Indio Naborí' (La Habana 1922-2005) poeta y periodista, su vasta producción literaria comprende diez obras en prosa y doce de poesía. Premio Nacional de Literatura (1955) y Premio de la Crítica Literaria (1996). Como bien dijera el intelectual cubano Gustavo Z. Lecourt, el mérito de ‘El Indio Naborí’ como decimista no está sólo en haber incorporado a la antigua nabori_2estrofa de Espinel elementos de la poesía de vanguardia, sino en haber hecho tal novedad cuando la mayoría de los poetas cultos creían obsoleta esa modalidad, y cuando los cantores populares la estancaban en un estrecho marco. Y también está su mérito en haber entroncado, con profundidad y extensión, audacias de la poesía moderna y esencias de la ideología más avanzada de estos tiempos a la tradición de la poesía popular cantada, logrando una especie de folclorización de éstas, a tal grado que hoy –después de 40 años de influencia naboriana en nuestra juglaría campesina– no sería extraño escuchar en la voz de un cantor de la montaña más remota una imagen, una metáfora o una sinestesia, muy distante del tímido sistema de símiles de ‘El Cucalambé’, pero conservando la sustancia campesina de éste, lo que no era dable al lenguaje de los cantores populares algunas décadas atrás. […] en el camino de la poesía popular cubana, está la huella profunda de Naborí y del grupo de poetas que a partir de la década del 40 se orientó por sus señales. Ya en 1955 el periodista Rafael Enrique Marrero en el Periódico Mañana escribía: No se podría dar una impresión de conjunto de la poesía cubana actual, sin la presencia de la expresión guajira a través de la décima, y ninguana figura más representativa al respecto que la de Jesús Orta Ruiz, la voz más original y el temperamento poético más expresivo en esa modalidad, cuya renovación le pertenece, indiscutiblemente. Todo lo pintoresco de nuestra tierra está apresado en su décima flexible y sabia, pero no sólo lo objetivo, sino también lo subjetivo de la tristeza, la frustración y la miseria del hombre de tierra adentro, con la plasticidad de unas imágenes llenas de novedad y autenticidad poética.

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